lunes, 7 de abril de 2014

Ausencia prolongada y sus efectos


La selva que me encontré a mi vuelta
Una vez más el trabajo me ha obligado a ausentarme un mes entero y esta vez fue casi sin avisar. De un día para otro tuve que marchar camino a Barcelona, dejando todo lo que tenía a merced del tiempo. Las gallinas estuvieron bien cuidadas, pero el huerto ha sucumbido frente a las ortigas que vieron en este pequeño descanso una oportunidad.

Los guisantes que tan feliz plantaba en el mes anterior ni se dignaron por aparecer, cierto es que ya me pasó esto mismo la temporada pasada en la que también, por motivos de trabajo, tuve que dejarlos a su suerte. Un buen motivo puede ser las semillas que tengo, que ya cuentan con tres o cuatro temporadas. De vez en cuando toca renovarse y me parece que los guisantes me lo piden a gritos. En cuanto pueda me pasaré por la tienda agrícola para intentar renovar estos preciados productos, eso sí, temeroso de que ya sea demasiado tarde. Quizás sea mejor optar por judías, más apropiadas para temporadas más cálidas.

¡Por fin salen las habas!
Una grata sorpresa han sido las habas, que tras unos cuantos meses dando flor por fin consiguen cuajar y producir ese preciado alimento. Hasta ahora era parte de un experimento y aún sigue siéndolo. El frío lo resistieron bastante bien, salvo los días de fuertes heladas que se plegaron un poco. Pero pese a que daban flor no llegaban a producir habas. No sé si fue por los días de sol que hubo unas semanas atrás, pero ahora sí lo han conseguido. Eso me hace pensar en que quizás un posible responsable sean las abejas, que con tanta lluvia no se han dignado en aparecer hasta ahora. Por lo de pronto ahora esta lloviendo, pero las temperaturas son más moderadas. Si la flor sigue cuajando me hará pensar más en la teoría de las abejas, sino, la responsable, casi con toda probabilidad, era la lluvia. Un factor en contra es que después de tanto tiempo las plantas empiezan a agotarse. Quizás sea buena idea hacer otra plantación.

El resto de cosas están a medio camino entre lo bueno y lo malo. Los puerros están fantásticos, las fresas escondidas entre tanta ortiga y los planteles, que tanto procuré cuidar, prácticamente muertos. Es la eterna pelea con la naturaleza, en la que los descuidos pasan factura.

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